LIBRO SEXTO

En que se ponen fábulas pertenecientes a transmutaciones



Capítulo I

En que se ponen algunos presupuestos, para mejor entender las transmutaciones de Ovidio

     Para entendimiento de las transmutaciones que Ovidio escribe, y otros poetas, se advertirá que para denotar la castidad fingen haberse convertido los que la amaron en árboles siempre verdes, como Daphne en laurel. Y cuando algún mozo moría que dejaba muestra de alguna gracia especial, fingieron convertirse en tiernas y delicadas flores, que brevemente se secan, como Iacinto. Y, por el contrario, para reprehender las crueldades y tiranías y otras cosas feas, fingieron por esta manera de comparaciones convertirse en fieras, como Licaón y Lynco en lobos. Y para reprehender el hurto y los que viven de sudores ajenos fingen convertirse en aves de rapiña. Y para que se abomine la envidia y sus propiedades, introducen la historia de Aglauros. Y para declarar los que por sucios yerros no osan parecer en presencia de las gentes, dicen convertirse en aves nocturnas, que no vuelan sino de noche, aborreciendo la claridad de la virtud, como Victimine, que fingen haberse convertido en lechuza. Otras veces, porque los muertos se tornan inmovibles y fríos como piedra, fingieron haberse convertido muchos en piedras; y el convertirse siempre los tales en cosas de sus mismos nombres era por denotar que el hombre en lo mismo que ama se convierte. Los monstruos que en las fábulas se nombran también tienen su misterio, como es decir que los Cýclopes, que fingían ser unos hombres monstruosos, que tenían un solo ojo en la frente, por este solo ojo quisieron entender los ignorantes y los que no tienen cuenta sino consigo mesmos; otros sin boca, por los que con poco se sustentan; otros con los ojos en el estómago, para denotar los que tienen el vientre por su Dios.

     La conversión de Alcitoe y sus hermanas significa que la castidad, figurada por Alcitoe, conociendo cuán fieros enemigos son el vino y la ociosidad, despreciando el tonto placer del beber demasiado, procura con el continuo ejercicio defenderse y conservarse en su propia virtud, escondiéndose como morciélago de lo que a ello le pueden incitar.

     Por la fábula de Ceys y Alcyón, convertido en ave de su mismo nombre, nos exhorta que reprimamos la soberbia y arrogancia, y que no nos debemos gloriar con riquezas o nobleza de linaje o fuerzas y hermosura de cuerpo, pues todas estas cosas son prestadas de Dios, autor de todo don. Y porque entendamos no haber felicidad tan firme que no pueda faltar, nos ponen ejemplo en Alcyón.

     Las hijas de Anio vueltas en palomas nos declaran las partes de la contemplación, que es acerca de las cosas que no tenemos delante los ojos; y también acerca de las divinas que todo se vuelve en mantenimiento del alma, el cual manjar es figurado por el trigo, vino, y aceite.

     La fábula de Poliméstor y Hécuba nos es ejemplo de los daños de la avaricia; son los avarientos cegados de la paciencia (figurada por Hécuba), por muy justo juicio de Dios, Hécuba vuelta en perro y muerta a pedradas, nos da a conocer que la paciencia ofendida, muchas veces se vuelve en furor y rabia, la cual después queda muerta por la fuerza de las pedradas de las persecuciones y poca paciencia.

     La fábula de Terreo y Philomela es fictión para declararnos el daño de la lujuria, y para decir que el lujurioso es sucio fingieron haberse Terreo convertido en abubilla, ave sucia y hedionda, que se sustenta de estiércol. Convirtióse Progne en golondrina por denotar la tristeza que tenía, significada por luto o negrura desta ave. Philomela se convirtió en ruiseñor, porque cuanto más el vicio intenta oprimir la virtud, tanto más ella se ensalza. Ithis mudado en faisán significa la simplicidad e ignorancia de un niño, porque el faisán es ave incauta y simple.

     Con la fábula de Filimón y Bauci convertidos en encinas quisieron declarar que fueron hechos inmortales, pagándoles los dioses el beneficio recibido; porque la encina dura más que otro algún árbol, y por esto se hacían della las coronas antes que Apolo diese a conocer el laurel.

     La fábula de Marsias convertido en río nos da a entender que cuando queremos contender con Dios, no temiéndole como debemos, presto nos hace conocer que somos más deleznables que un río, quitándonos todas las fuerzas con privarnos de su gracia, de manera que cayendo nuestra fuerza en tierra, se convierte en agua de río que jamás para.

     Arme convertida en graja significa la avaricia, porque como esta ave dondequiera que puede haber oro lo hurta y lo esconde, así Arne, por precio de dinero, vendió la fortaleza de su padre.

     Rodopo y Hemo convertidos en montes denota la soberbia de los hombres de pequeña cuenta, que están hinchados de vanagloria; mas faltándoles fuerzas para que tengan efecto sus cosas, no se pueden mover más que si fuesen montes.

     El pastor de Pulla mudado en acebuche, árbol que todavía retiene su fructo, y su zumo es amargo, nos da ejemplo que el malo siempre será el mismo, aunque mude sitio y hábito y aparencia, como este pastor, que aunque mudó corteza, no mudó su natural amargor.

     En Perimele echada en el mar de su padre y vuelta en peñasco por haber sido corrompido por el río Aquiloo se ve cuánta fuerza tenga en un ánimo generoso la conservación de la honra, cuando por tenerla limpia y clara no se tiene respecto a mujer, ni a hijos, ni a cualquiera estado del mundo.

     Iolao remozado significa que cuando el deseo de gloria y fama nos mueve a hacer cosas honrosas y virtuosas, dejando las obras viejas que son poco loables, nos remozamos en las nuevas mucho loables.

     Los compañeros de Macario dan ejemplo de cuán locos y temerarios son los que se atreven a contender con el cielo, porque al fin son mudados en pájaros; esto es, que se vienen a resolver en pensamientos tontos y vanos.

     El acónito o rejalgar cogido en el monte Citoriaco y esparcido sobre Aragnes, que la vuelve en araña, es la ira que ocupa a los que ven despreciar y abatir las obras que ellos han hecho con mucha industria y largo trabajo, como era lo que Aragnes tejió.

     La transformación de Galantis en comadreja nos da ejemplo que Dios nos da el castigo en la parte con que le habemos ofendido. La comadreja, según los naturales, pare por la boca, llevando el castigo en la parte con que Galantis hizo burla de Lucina.

     La fábula de Ciparisso mudado en ciprés por la muerte de su ciervo nos da ejemplo que no pongamos tanto amor en las cosas mortales, que faltándonos nos necesiten a tener todo el resto de la vida en llanto. Convirtióse más en ciprés que en otro árbol porque los antiguos adomaban los sepulcros de sus amigos muy queridos con ramos deste árbol.

     La fábula de Vertuno convertido en vieja para gozar de Pomona nos es ejemplo que nos recatemos de las viejas que tratan con las doncellas, porque muchas mozas serán muy constantes con los ruegos presentes de los enamorados y de cualquiera fuerza de persuadir; más déjanse vencer de las palabras de una malvada vieja, por la reverencia que tienen a su edad.

     El incestuoso e infame amor de Biblis con su hermano nos da a entender cuán fiero y cruel es el poder del amor lascivo, pues no guarda leyes de sangre, ni parentesco, y se mete entre hermanos. Es Biblis transformada en su fuente para darnos a entender que después que habemos llegado al arrepentimiento de algún pecado, nos habemos de hacer fuentes resolviéndonos en lágrimas, en señal de que nos arrepentimos verdadera y no fingidamente.

 

Capítulo II

De Epimetheo

     Epimetheo fue hijo de Iapeto y de Asia; éste, según Leoncio, fue el primero que hizo una estatua de hombre de barro, como su hermano Prometheo; por lo cual, según Theodoncio, enojado Iúpiter, lo convirtió en mona y lo desterró a la isla Pitagusa.



Declaración

     El entendimiento desta fictión es que porque la mona es animal que por naturaleza tiene que lo que ve hacer al hombre lo desea hacer y lo pone por obra, y porque este Epimetheo (que era estatuario) quiso por arte hacer semejanza de lo que naturaleza, dice la fábula que Iúpiter le convirtió en mona, porque tomó condición de mona en querer remedar a la naturaleza como este animal al hombre. En lo que dice que Iúpiter enojado, pertenece a la fábula, porque para haberle de convertir y desterrar, algún enojo había de haber recebido Iúpiter. En lo que dice que lo echó después de ser mona a la isla de Pitagusa (que algunos dicen Buxia), es que en aquellas tierras había gran copia de monas, o que eran hombres ingeniosos, que en sus obras imitaban a la naturaleza. Este Epimetheo dicen que fue Chan, hijo de Noé; quisieron por él significar el apetito sensual; y porque este apetito le puso en ejecución, haciendo lo que se le antojó, dijeron ser mona, animal que imita cuanto ve.

 

Capítulo III

De Cenis convertido en hombre

     Cuenta Ovidio que Cenis, hija de Elatheo, no se quería casar, y por esta causa, apartándose de la conversación de los hombres, andaba por la ribera del mar; a la cual viendo Neptuno le hizo fuerza, y en pago de su perdida virginidad, díjole que demandase el don que más le pluguiese, que él se le concedería; ella demandó que la tornase en forma de varón, porque otra vez no padeciese otra semejante deshonra; hízose así como lo demandó, y de mujer se tornó hombre, y mudó el nombre con el sexo; y como antes siendo mujer se llamase Cenis, después tornada en hombre se llamó Ceneo.



Declaración

     En esta fábula quisieron los poetas mostrar no ser cosa nueva las mujeres mudarse en hombres y a la contra, así estando la criatura en el cuerpo como fuera, según opinión de médicos, los cuales dicen que muchas veces ha acontecido haber hecho naturaleza una hembra y haberlo sido uno y dos meses en el vientre de la madre, y sobreviniéndoles a los miembros genitales copia de calor (por alguna ocasión), salir afuera y quedar hecho varón. A los que esta transmutación ha acontecido en el vientre de su madre, se conocerá (según dice el doctor Iuan Huarte, médico doctísimo), en movimientos ciertos que tiene mujeriles, y en la voz blanda y melosa, y en que tienen inclinación de hacer cosas mujeriles. Otras veces tiene naturaleza hecho un varón con sus miembros genitales afuera, y sobreviniendo frialdad, se los vuelve adentro y queda hecha hembra. Y cuando esto ha acontecido en el vientre de la madre, se conoce después en que tiene el aire de varón, así en la habla como en los movimientos y obras, porque no difiere el hombre de la mujer (según Galeno) más que en tener los miembros genitales fuera del cuerpo. Y de tal manera dice ser esto verdad, que si acabando naturaleza de fabricar un hombre perfecto, le quisiese convertir en mujer, no tenía otro trabajo más que tomarle adentro los instrumentos de la generación; y si hecha mujer quisiese volverla en varón, con arrojarle el útero y los testículos fuera, no había más que hacer. Verifica esta opinión Plinio, donde escribe que siendo Cónsules Licinio Craso y Cayo Casio, un mozo llamado Longino, en Casino, lugar de Italia, fue primero mujer. Y Licinio Mutiano trae que él vio en Argos, ciudad de Grecia, un hombre llamado Aristonte, que primero había sido mujer y estando casada se tornó hombre. Amato Lusitano cuenta que en Esgueyra, cerca de Coimbra, estaba una señora, por nombre María Pacheca, la cual en llegando a edad en que suelen tener las mujeres su purgación, le salió un miembro genital de hombre, y luego la vistieron de varón, y llamándola Manuel se vino a casar por hombre. En Madrid se acuerdan hoy día muchos que una monja de Santo Domingo, alzando un grande peso, se convirtió en hombre, y se llamó Rodrigo Montes, y fue después fraile. No solamente pasan estas conversiones en los hombres, mas aun en animales [ir]racionales, según atestigua Ausonio poeta, diciendo que en Vallebana aconteció un ave que de macho fue convertido en hembra, y súbitamente apareció de pavo echa pava. Esta opinión quiso confirmar Ovidio con la fábula de Yphis, que dice que estando preñada la madre de Yphis, el padre le mandó que si pariese hija, que la matase, y si hijo, que lo guardase. Llegó el tiempo y parió una hija, y dijo al padre que había parido hijo, y mandó al ama que no lo descubriese. El padre, muy alegre, creyendo que tenía hijo, púsole por nombre Yphis; y así se crió en hábito de varón. Llegando a edad de trece años, el padre lo desposó con Yante, hija de Telestis, que eran de una edad ambos, y en estremo igualmente hermosos. Llegado el día de las bodas, por ruegos que la madre hizo a Yphis, dice que se convirtió en varón. Puédese aplicar esta fábula diciendo que el volverse Yphis en hombre es cuando las mujeres están también criadas virtuosas y de buen entendimiento, que nos dan consejo de varones. O esto es pintar un alma que después de haberse dado un tiempo a los deleites se vuelve a las virtudes varoniles, con el favor de las cuales combate animosamente con todos los vicios, sin temor de cosa; y por esto se finge que no podía ser herido Cenis; es, pues, oprimida con la mucha fuerza de los vicios y mudada en ave, esto es que, limpia de muchas pasiones, vuela al cielo.

 

Capítulo IV

De Licaón

     Licaón, que Theodoncio dice haber sido rey de Arcadia, fue hijo de Titán y de la Tierra, de quien escribe Ovidio que subiendo los gritos de los mortales al cielo, porque en la tierra todo sucedía mal y vivían peor, quiriendo Iúpiter ver cómo se habían los hombres en el vivir, se transformó en hombre, y descendió a la tierra, y andando de unas partes en otras, llegó donde estaba Licaón; y manifestando a todos ser un Dios, comenzó el pueblo menor luego con grande humildad a honrarle; sólo Licaón hacía burla y mofaba de los que tal hacían; y no contento con esto, quiso probar si era Dios, y para esto mató un hombre que preso tenía, y hízolo aderezar, y convidó a Iúpiter a comer, y púsoselo delante. Iúpiter, conociendo ser carne humana, muy enojado puso fuego a su casa. Licaón, desto espantado, comenzó a huir, y queriendo hablar, ya no podía, porque se iba transformando en forma de lobo, el cual así como antes era malo siendo hombre, así en forma de lobo se ejercitó luego en degollar ganados.



Declaración

     Que Licaón fuese Titano, no lo fue, mas dícese por ser de las semejantes costumbres malo y soberbio y despreciador de Dios, como lo fueron todos los hijos de Titán. Decir que su madre era la Tierra fue porque los Titanos dijeron los poetas ser hijos de la Tierra. Que Iúpiter se transformase en hombre para ver con sus propios ojos cómo se habían los hombres unos con otros: se da a entender cuánto ha sido Dios siempre deseoso de ver que sus criaturas más nobles tengan entre sí amor y afición, y que mira mucho en las obras que los hombres hacen.

     Que la gente o pueblo menor comenzase luego a adorar a Iúpiter, haciéndole sacrificios porque dio señal que era Dios, y Lycaón comenzó a hacer burla, es por dar a entender la maldad de Lycaón y la ignorancia del pueblo.

     Que Lycaón quisiese probar si era Dios, dándole a comer carne humana para ver si la sabía distinguir o entender, no fue el intento de Lycaón éste, sino afrentar unos embajadores y significarles lo que había hecho de un prisionero que mató. Para entender esta historia, es de saber que los molosos, que primero se llamaron epirotas, según escribe Leoncio y afirma san Isidro, trujeron guerra con los pelasgos, que después se llamaron sicionios o arcades. Esta guerra fue reinando Lycaón en Arcadia, en el cual tiempo había allí un noble varón de gran linaje llamado Lisanias, que después se dijo Iúpiter, y fue el segundo de este nombre. Licaón vino en concordia con los molosos, y para que se guardasen las cosas capituladas, pidió Lycaón uno de los más nobles de la tierra de los molosos en rehenes, atento que de ellos había nacido primero la discordia. Diéronselo, y fue condición que Lycaón había de restituir este prisionero a cierto tiempo, volviéndolo a los molosos sano y bueno como se lo daban. Cumplido el tiempo, enviaron embajadores que lo entregase. Licaón, entonces enojado, o porque se le pidieron o por otro accidente (como él fuese hombre de mala condición), dijo a los embajadores que el siguiente día se viniesen a comer con él y les daría el prisionero. Aquella mesma noche degolló Lycaón su prisionero, y mandó parte dél cocer y parte asar, y así púsolo en la mesa delante de los convidados, como lo toca Ovidio, donde comienza: Foeda Lycaoniae, etc. Estaba entre los del convite Lisanias susodicho, el cual conociendo que aquella era carne de hombre, enojado dio con la mesa en el suelo, y movió guerra contra Lycaón, a cuya parte se inclinó todos los pueblos de Arcadia, y echaron a Lycaón del reino y quemaron su casa.

     Lycaón, despojado de todo su honor y poder y riqueza, no pudiendo en otra manera vivir, comenzó a robar con algunos pocos que a él se llegaron; y como para robar salteasen y matasen los caminantes, dijeron que se convirtió en lobo, el cual hace lo mismo en las animalias; y porque aunque tenía la forma de hombre, en las obras era lobo, y este animal concuerda mucho con su nombre y obras; porque Lycaón en lengua griega significa lobo, y todo esto significa el mudamiento de su estado o la crueldad que tuvo siendo rey, y después de espelido del reino.

 

Capítulo V

De Calístome, hija de Lycaón y madre de Arcas

     Después que Lycaón fue por Iúpiter echado del reino y convertido en lobo (según dice Paulo Crisippo), quedando Calístome, su hija, desmamparada, se hizo de la compañía de Diana, siguiendo su ejercicio en cazas y virginidad; y siendo hermosísima, fue amada de Iúpiter, el cual, como dice Ovidio, tomando figura de Diana, la engañó; de donde creciéndole el vientre y siendo de las demás ninfas, sus compañeras, convidada a lavarse donde también se bañaba Diana, temiendo que sería visto su pecado desnudándose, resistía el lavarse. Finalmente, desnuda por fuerza y conociendo Diana ser dueña, la despidió de su compañía.

     Viendo Calístome que Diana sus desculpas en ninguna manera oír quería, muy triste y desconsolada se partió por unos grandes y umbrosos montes, rogando a los dioses hubiesen compasión della.

     Andando, como digo, por fieros y solitarios bosques, tomóle el parto y parió un niño a quien puso nombre Arcas. Viendo esto Iuno, descendió a ella, y tomándola de los cabellos, la arrastró por el suelo. Calístome, juntando las manos, quería pedir misericordia, cuando Iuno, de oírla hablar más airada, luego la convirtió en osa, y así la hizo ir por la floresta, quitándole la habla y la figura en tal manera que ni a Iúpiter ni a otro jamás pudiese agradar; y quedando el niño solo, por unas ninfas fue dado a criar. Quince años había Arcas, cuando andando a caza encontró con su no conocida madre, y queriéndola herir, ella muerta de miedo se fue a socorrer al templo de Iúpiter, en donde queriéndola matar (según dice Theodoncio) fue librada de Júpiter, porque convirtió a Arcas en oso, y a ambos a dos los puso en el cielo a la redonda del polo Arctico; y Calístome fue dicha Osa menor y Arcas Osa mayor. Iuno, turbada que la amiga de su marido y su hijo estuviesen colocados en el cielo, rogó a Thetis y a Neptuno, dioses del mar, que no dejasen a estas osas lavar en sus aguas, como hacen las otras estrellas, lo cual se lo prometieron y hasta el día de hoy lo guardan.



Declaración histórica

     Dice Leoncio que estando turbado el estado de la casa de Licaón, Calístome, su hija, huyó a los montes, y que allí se juntó con unas vírgines, que en manera de las monjas de agora estaban sirviendo al dios Pan, guardando virginidad. Iúpiter, después de haber echado a Licaón del reino, fue gran señor, y siendo informado de la hermosura de Calístome, codicióla; y sabido que estaba entre las vírgenes del dios Pan, tomó hábito de mujer, y entrando a ella con diversas maneras de hablas, trajóla a su consentimiento. Cuando el tiempo de parir vino, descubrióse la vergüenza de Calístome, y no la sufriendo en su compañía las sacras vírgenes, echáronla con su hijo, mayores penas la queriendo dar, mas no osaron por miedo de Iúpiter. Salida Calístome de la compañía destas vírgenes, apartóse a las montañas, no queriendo parecer de vergüenza entre las gentes, en donde con su hijo estuvo quince años escondida. Creció Arcas y fue de grande corazón, y no pudiendo sufrir la vida y el mandado de la madre, quísola un día matar; ella fuese a Iúpiter, querellándose de su hijo. Iúpiter entonces reconoció a Arcas con su madre Calístome, dio lugar que tornasen al reino que a Licaón su padre le había quitado. Cuando los arcades vieron a Calístome, la cual mucho tiempo visto no habían, y pensaron ser muerta, llamáronla Osa; porque como la osa, según los naturales, gran tiempo del año está escondida debajo de tierra en cuevas, de donde no sale, y cuando parece que debe ser ya muerta sale; y por causa de la madre a su hijo Arcas llamaron Oso, y deste Arcas se llamó este reino Arcadia.

     Que Iuno la arrastrase de los cabellos y la convirtiese en osa es poético fingimiento, para hermosear la fábula. Y aunque Iuno no era mujer deste segundo Iúpiter a quien aconteció este hecho, quieren todos los poetas que todos los llamados Iúpiter se reduzgan a uno, y éste que sea el tercero Iúpiter, hijo de Saturno y mando de Iuno, que fue mucho tiempo después.

     Que Iúpiter pusiese a Calístome y a Arcas en el cielo, convertidos en las estrellas que llamamos el Carro y la Bocina, que dicen Osas mayor y menor, fue, según histórico sentido, que Iúpiter les restituyó el reino de su padre. Llamáronse Osas estas estrellas, porque tienen una propiedad como el oso, y es que si le atan a una coluna, siempre que no duerme anda a la redonda; así hacen estas estrellas, que andan a la redonda del polo Arctico. Que Iuno rogase a los dioses del mar que no las dejase bañar en sus aguas: quisieron por esto declarar que estas dos imágines de estrellas (que son las que el vulgo dice Carro y Bocina) nunca se esconden a los septentrionales, con el movimiento de los cielos, como hacen todas las demás. Y porque piensan los vulgares que las estrellas cuando se desaparecen, puniéndose por el horizonte, se meten en la mar y se bañan o lavan, y estas estrellas no se esconden, por tanto, esta petición de Iuno es condición propia destas estrellas según su postura, y por esto dice que se lo prometieron los dioses del mar a Iuno, y que lo guardan hasta hoy, y lo guardarán (aunque no quieran) para mientras cielos y movimiento hubiere.

 

Capítulo VI

De las hijas de Cinara

     Cuenta Ovidio que el rey Cinara tenía siete hijas tan hermosas cuanto soberbias, que les parecía que se podían igualar con los dioses del cielo, por cuya causa enojado Iúpiter las convirtió en gradas o escalones de piedra, y las puso a la entrada de un templo, para que necesariamente pasasen sobre ellas todos los que hubiesen de entrar en él.



Declaración

     Para declarar los sabios antiguos cuán gran pecado sea la soberbia, vanagloria y avaricia, ponen este ejemplo de las hijas de Cinara, las cuales, porque su padre era poderoso y rico, menospreciaban a los que poco podían y no remediaban las necesidades de los pobres, por lo cual Dios las trujo a tanta pobreza y miseria que les fue necesario pedir limosna; y porque para pedir nunca salían de las puertas de los templos, dice la fábula que fueron convertidas en gradas, porque estaban tan continuas allí como si fueran piedras. Fue justo castigo éste, porque quien se ensalza con las alas de la soberbia será humillado con el azote del abatimiento, y pisado de todos como gradas.

 

Capítulo VII

De Niobe

     Niobe, hija de Tántalo, como testifica Ovidio, donde dice: Mihi Tantalus autor, cui soli ficuit superum contingere mensas, etc., quiere decir: Tántalo es mi padre, al cual sólo fue otorgado que se asentase a las mesas de los dioses. Aunque según dice Iuan Bocacio, no fue aquel Tántalo amigo de los dioses, como dice Ovidio, porque aquél fue un buen rey que gobernó mucho antes a los corintios. Lactancio dice que fue Niobe hija de Tántalo y de Penélope. Otros dicen que de Tántalo y de Euryanassa. Otros la hacen hija de Tántalo y de Taygetes. Casó Niobe (según Theodoncio) con Amphión, rey de Thebas, de quien tuvo siete hijos y otras tantas hijas. Aunque Homero dice que tuvo seis varones y seis hembras, otros dicen muchos menos. Hesiodo dice que tuvo diez varones y otras tantas hembras. Y como fuese señora de altivo espíritu, haciendo los tebanos sacrificios a la deesa Latona, comenzó Niobe a reprehenderlos con palabras ásperas y a preferirse a ella, diciendo mal de Latona, como escribe Ovidio en el alegado libro, en trece versos, que comienzan: Quis, furor auditos inquit, etc. De lo cual enojada Latona, quejóse a sus hijos Apolo y Diana. Y ellos, por vengar la injuria de la madre, con saetas mataron todos los hijos y hijas de Niobe. Y Iúpiter, otrosí, a todos los hombres de aquella tierra convirtió en piedras por nueve días, y al décimo permitió volverlos a la primera forma. Niobe, siendo privada del mando y de los hijos, cerca de la sepultura dellos estando llorando, fue convertida en piedra, y arrebatada de los tebanos, fue puesta en lo alto del dicho monte, en donde perpetuo llanto hasta hoy continúa. Otra Niobe hubo hija de Foroneo, mujer que fue de Inacho, más antigua que ésta cuatrocientos y setenta años.



Sentido histórico

     El sentido histórico es que en Phrigia murieron en un día todos los hijos y hijas de Niobe, de pistilencia; y porque el Sol y la Luna, entendidos por Apolo y Diana, hijos de Latona, son causa de pestilencias, por engendrarse de grande abundancia de vapores, dice la fábula que Apolo y Diana los habían muerto con saetas. Que muertos los hijos de Niobe, Iúpiter convirtiese en piedras por nueve días a todos los hombres de aquella tierra, y al décimo los volviese en su primera forma, es que en los tiempos de peste son los hombres crueles e inhumanos por el miedo en estas oportunidades, porque ningún ñudo hay de afinidad ni amistad que sea firme; y como al décimo día cesase la pestilencia y los enterrasen cerca del monte Siphilo, dice la fábula que en nueve días los había convertido Iúpiter en piedras, porque aquel tiempo habían estado fríos en la caridad como piedras; y cuando el décimo hicieron lo que a hombres eran obligados, dice que Iúpiter los volvió a su primero ser. Y como con estas calamidades quedase Niobe tan pasmada y perdiese el sentido, o, según Tulio, por su perpetuo silencio que tuvo de no hablar ni quejarse, dijeron que se convirtió en piedra. En lo que dice que convertida en piedra fue arrebatada de los tebanos y puesta en lo alto del monte, donde hasta hoy continúa el llanto, esto es, según Theodoncio, que los antiguos, por memoria de la gran fortuna de la soberbia señora, hicieron una estatua de piedra en figura de una mujer que llora, y pusiéronla en el sepulcro. Y como levantándose de la tierra a ella cercana vapores húmidos, y entrándose en las concavidades de los ojos de la estatua, y por la frialdad de la piedra se convierten en gotas de agua con semejanza de lágrimas, de aquí salió que los ignorantes tienen que Niobe hasta el día de hoy llora.



Sentido moral

     Fue Niobe hija de Tántalo y de Euryanassa. Tántalo quiere decir avaricia, y Euryanassa, abundancia o riqueza; destos nace la soberbia de los mortales (entendida por Niobe), de quien se sigue el menosprecio de los dioses, y el tener en poco a los amigos y a los pobres, y el olvido de los bienes recibidos de Dios. Por Niobe se entiende la soberbia o osadía, porque viéndose ésta rica y de linaje, con muchos hijos y hijas, y muchos amigos y parientes, y honra que todos le hacían y estimaban, pensó sobrepujar a todo el humano poderío y tenerse por más bienaventurada que los dioses. Amonéstanos esta fábula que cuando alguna casa o ciudad creciere en tanta soberbia, que su caída será presto, y que no hay poder que en un momento perderse no pueda con la voluntad de Dios, como aconteció a Niobe, que presto lo perdió todo. O denota que los que con soberbia se quieren igualar con Dios se hallan privados de aquello que más se gloriaban. Por la paciencia de Niobe nos amonestan también que apartándonos de la arrogancia y temeridad, suframos con igual ánimo las mudanzas prósperas y adversas.

 

Capítulo VIII

De Aiax, convertido en flor

     Cuenta Ovidio que como Ulysses venciese a Aiax en la pretensión que ambos tuvieron sobre las armas de Achiles, teniéndose Aiax por afrentado, dijo: Pues mi triste suerte y contraria fortuna me ha traído a tal tiempo que Ulysses sea premiado de lo que por muchas causas era mío, a lo menos yo confío que aunque más elocuente y orador sea, no será tan poderoso que baste a sacarme esta espada de la mano; y diciendo esto, matóse con ella. Entonces Iúpiter, movido a compasión, convirtiólo en flor; porque Aiax no supo vencer sus apetitos, aunque venció a muchos con la espada, fingieron los antiguos que fue convertido en flor, frágil y caduca, que por la mañana nace y a la tarde se marchita. Amonestándonos en esto que aprovecha poco uno vencer a otros, si no se sabe vencer a sí mismo, como sea mejor el que doma su ánimo que el que vence ciudades, según dice Salomón. En esta contienda de Ulysses y Aiax se ve cuánto vale en los ejércitos un capitán prudente y manso en las cosas de la guerra, como lo era Ulysses. Porque la fiereza y braveza de Aiax es de provecho cuando es regulada con la sabiduría y prudencia de otro, que por sí mesma no es otra cosa sino locura furiosa y precipitada, aparejada para revolverlo todo; mas hallándose ambas cosas juntas en un subjeto, éste merecerá loores de perfecto capitán. Vese también cuánto puede el deseo de aventajarse en las cosas de la honra, en los corazones generosos que profesan las armas, pues por ella no estiman la vida.

 

Capítulo IX

De Eaco

     De Eaco, hijo de Iúpiter y de Egina, escribe Ovidio que reinó en una ciudad llamada Enopia, que después, del nombre de su madre, llamó Egina. A esta ciudad tenía Iuno odio, porque Egina era amiga de Iúpiter, y por despoblalla, envió en ella muy espesas nieblas, y encerró en ellas grandes calores, de cuya causa se levantaron después unos vientos calurosos y húmidos, que emponzoñaron los ríos, de que sucedió gran pestilencia en los animales y gentes, que vino la ciudad en gran diminución. Eaco, en sueños, vio una encina llena de hormigas, unas que subían y otras que decendían, y parecíale que rogaba a Iúpiter le concediese que aquellas hormigas se hiciesen hombres, lo cual fue así hecho, y deste modo su ciudad fue restituida y poblada de gente, como primero solía. Y llamó a aquellos hombres mirmidones, atento que mirmex en griego quiere decir hormiga.



Sentido histórico

     El sentido histórico desta fábula (según Teágenes), es que en un tiempo, por ser fatigados los eginetas con las continuas correrías de cosarios y otras naciones, y no sabiendo resistirles, estaban escondidos en cuevas, en donde a modo de hormigas allegaban mantenimientos de fructos que produce la tierra sin cultivarla, porque ni aun sabían cosa de agricultura. Mas como Eaco les enseñase a hacer navíos, y ejercitarse en cosas de guerra, mediante lo cual, desechado el temor, saliesen a campo raso, y resistiesen las fuerzas de los enemigos, y comenzasen a hacer vida ciudadana, dice la fábula que de hormigas fueron vueltos en hombres.

     Otros dicen que siendo despoblada esta ciudad por una peste fue poblada de labradores, que a modo de hormigas el agosto recogían del campo fructos para sustentarse el invierno. Quisieron también declarar por este fingimiento proceder la peste de aires corruptos, inficionados; y porque por Iuno se entiende el aire, y dél procede peste, dice la fábula que estaba enojada con esta ciudad. La corrupción de que se engendra peste le procede al aire en una de tres maneras. La primera, por comunicación de la tierra, como acontece después de las batallas a do quedaron grande cantidad de muertos sin sepultura, de los cuales se levantan malignos vapores, y le corrompen. La segunda, por destemplanza del mismo aire, especialmente caliente y húmido, como acontece en los años muy húmidos y lloviosos, o en los años que corren ábregos secos. La tercera, por influjo del cielo (según opinión de astrólogos) maligno y venenoso. Es peste una contagiosa enfermedad, de la cual son heridos muchos en diversas partes, y los más dellos mueren. Desta definición se sigue que la enfermedad causada por beber de una misma agua o comer de unas comidas, o habitar en una misma habitación, aunque sea común a muchos y mueran los más, no se llamará peste, por no ser en diversas partes, lo cual nunca acontecerá hasta que tenga fundamento en aire inficionado y contagioso.

 

Capítulo X

De Psitaco

     Psitaco dice Theodoncio que fue hijo de Deucalión y de Pirra, y nieto de Prometheo; en sus tiempos varón muy sabio, el cual enseñó a su nieto Psitaco muchas sciencias, y después de muy docto en ellas se fue a vivir a tierra de Ethiopía, en donde alcanzó grande reputación y honra. Y siendo de mucha edad, rogó a los dioses que le sacasen de ser hombre. Ellos, oyendo sus ruegos, mudáronlo en Psitaco, ave de su mismo nombre, que es la que llamamos papagayo.



Declaración

     La verdad histórica desta fábula es que Psitaco fue varón sabio, y como en vida era de grande honra, muerto después de largo tiempo fue de gran fama; y perseverando su nombre y loor siempre firme, dijeron que se había convertido en ave de su nombre, como quien dijese: Él murió, mas su nombre y fama quedó sin mudanza. La causa porque dijeron haberse mudado en papagayo más que en otra ave es porque estas aves son verdes, y esta color significa la vida y fuerza, porque la cosa que perece, sécase y ennegrécese. Y así, la fama de aquellos que persevera en memoria de las gentes es convenientemente significada por la color verde destas aves; y porque esta ave canta y gorjea, y como el cantar es cosa dulce y alegra el corazón, así la fama y memoria de los sabios y virtuosos es dulce a los que después dellos vienen; o porque según san Isidro, como en Ethiopía no hay otras aves, y éste vivió allí y murió, fue, pues, cosa conveniente decir que se mudó en esta ave más que en otra. Este Psitaco fue casi mil años antes que otro Psitaco, uno de los siete sabios de Grecia; adviértese porque piensan algunos ser todo uno.

 

Capítulo XI

De Hyppomenes y Atalanta

     Atalanta, hija de Schaeneo, fingen haber sido una doncella muy hermosa y tan ligera, según cuenta Ovidio, que corría más que ciervo. Ésta preguntó Phebo si podría casar; fuele respondido que no le convenía casar, mas al fin se casaría con pérdida de sí misma y de su marido. Con este agüero muy espantada, determinó dejar las ciudades y andarse por los montes, huyendo toda conversación de varón. Y porque nadie pedirla por mujer pretendiese, puso por condición que si alguno quisiese con ella casar, corriesen ambos; y si ella fuese vencida, la recibiese el vencedor por mujer, y si el varón fuese vencido, perdiese luego la vida. Y aunque esta tan dura condición y ley era puesta, muchos mancebos, movidos de la beldad de Atalanta, venían al partido y les costaba no menos que las vidas. Entre los cuales vino Hyppomenes, que otros nombran Milanione, no para correr con ella, que lo tenía por locura, por estar cierto no haber hombre que vencer a Atalanta pudiese, sino para ver tan espantosa prueba y los nobles mancebos que tan dura cosa aventuraban, el cual los condenaba por locos cuando a la doncella visto no había. Mas después que la vio, perdido el buen sentido, tanto de la fuerza de su beldad se aficionó que deseó contender en este riguroso certamen. La doncella, que a Hyppomenes más bello que a todos los otros vio, oyendo que era de linaje de Neptuno, tiniendo compasión a su mocedad, pesábale que a tan fiero peligro se pusiese; por lo cual, moviendo en su corazón diversos y contrarios deseos, no sabía si cobdiciase vencer o ser vencida, porque si ella venciese, moriría Hyppomenes, al cual ya mucho amaba, por lo cual dél compasión había; y si fuese vencida, temía incurrir en lo por los dioses pronosticado, ultra del loor que de ser vencida perdería, que por lo uno y lo otro le era pena grande de con él correr; mas al fin ella escogió vencer, y no lo haber por marido. Ya estaba Hyppomenes a punto de querer correr cuando la deesa Venus invisiblemente a él llegó (todos los otros no la viendo), la cual tres manzanas de oro muy preciadas le dio con el aviso de lo que había de hacer con ellas. Hippomenes y Atalanta, ya puestos parejos en el campo, y comenzada la carrera, tanta era la ligereza de la doncella que en breve del Hyppomenes mucho se apartó; mas aprovechándose Hyppomenes del remedio que Venus le diera, una de las manzanas apartada de la carrera lejos echó. Espantada Atalanta de tan hermosa cosa, de cudicia movida, por ella tornó, en tanto Hyppomenes corría como podía, aunque su esfuerzo poco le aprovechó, porque ella en breve lo tornó a alcanzar y pasar, por lo cual la segunda manzana Hyppomenes echó, a la cual Atalanta por lo semejante se movió; entre tanto Hyppomenes ya pasaba, mas la doncella apriesa le alcanzó. Eran ya ambos cerca del término de la carrera, y no era duda que primero llegaría Atalanta. Hyppomenes, tornando al su postrero remedio, la tercera manzana echó. Dubdó entonces Atalanta si por ella tornaría, a quien la deesa Venus, porque no fuese vana su ayuda, su corazón a cudicia la movió. Entre tanto Hyppomenes primero llegó al término de la carrera, y según su tan gran deseo, a la vencida doncella en su poder recibió. Con la tan alta prosperidad, Hyppomenes, de la merced de Venus olvidado, gracias no le hizo; por lo cual en saña y ira la Venus movida, pensó el tal desagradecimiento sin pena no dejar. Hyppomenes, que para su tierra la vencida doncella llevaba, acaeció que a un templo grande llegaron, que en unas montañas a la madre de los dioses consagrado estaba, en donde habida oportunidad para cumplidamente Venus se vengar (como en su poder sea mover los corazones de los amantes), puso tan grande ardor en el deseo de Hyppomenes, que de más largo esperar por ninguna manera sufrir se podía, y no habiendo allí otro lugar secreto donde el tal ayuntamiento cumplir pudiese, apartándose a una capilla obscura, en la cual los sacerdotes muchas estatuas de dioses viejos tenían puestas, comenzando ellos la tal torpedad, todos los dioses que allí eran, envergonzados de la tal deshonra, las caras volvieron. La madre de los dioses (cuya era la principal injuria), por tal desacato ser hecho en su templo muy enojada, quiso una vez vivos echarlos en el infierno, mas pareciéndole pequeña pena y venganza, los tornó en leones fieras bestias, que a su carro atados anduviesen, con que se cumplió lo que Phebo dicho le había.



Declaración

     En la narración desta fábula se ponen muchas cosas por hermosura y buena composición, sin alguna significación. En lo que dice que Atalanta demandó a los dioses consejo si casaría, declara en esto la condición de los antiguos que adoraban a los demonios y a ellos acudían en sus dubdas; y pónese así porque haya razón alguna de la respuesta que los dioses le dieron. Decir que Atalanta, sabida esta respuesta se fue a los montes y dejó la conversación de los hombres, y huía los casamientos, significa las mujeres castas, que consideran los daños que venir les puede en el ayuntamiento carnal, y moviéndolas el temor huyen la conversación y ocasión que a esto inclinarles puede, a lo cual ayuda vivir en apartado recogimiento.

     La condición que Atalanta hizo con los que con ella casarse hubiesen denota las duras respuestas que las honestas mujeres dan a los solicitadores de su libertad, puniéndoles condiciones duras o imposibles, porque del loco amor se aparten. Que Atalanta venciese a los mancebos en correr significa el propósito firme de las mujeres honestas, que algún tiempo les dura, según lo cual vencen a todos los amadores desechándolos de sí.

     Que Atalanta comenzase a amar a Hyppomenes, y aun no se dejase dél vencer, y que después de echadas las manzanas fuese vencida, significa que dos cosas mueven a las mujeres a perder la castidad: hermosura y cubdicia. Dar Venus las manzanas de oro a Hyppomenes significa que los amadores con hirviente deseo que los mueve dan lo que tienen, y porque estos dones no se dan moviéndoles la razón, mas sólo el carnal deseo, dice que Venus las trujo, porque Venus es la deesa del amor carnal. El dar Venus estas manzanas, y no verla nadie sino solo Hyppomenes, denota los amores carnales estar en los corazones secretamente de los amantes, como los demás linajes de deseos. El no ser Atalanta vencida por las dos manzanas primeras, hasta echada la tercera, denota que algunas no luego con los primeros dones se vencen (aunque se inclinan), mas continuando los dones (lo cual por este número de tres significa) son al fin vencidas las que reciben.

     Lo que dice haberse Venus enojado con Hyppomenes por no darle gracias del vencimiento por su causa habido significa que la ingratitud nunca queda sin castigo. Que Hyppomenes, con el grande hervor de deseo, no pudo más sufrir que dejase de gozar de Atalanta en el templo, significa las desmesuras que los hombres suelen tener en los actos de Venus, los cuales no acatan reverencia a lugar, ni a persona, ni a otra cosa que la razón demande. Que la madre de los dioses, por el descomedimiento los convirtiese en leones y los atase en su carro, es que como los leones son animales tristes, que tienen el rostro bajo hacia la tierra, así los grandes amadores de la carne (entendidos por Hyppomenes y Atalanta) incurren en muchos pensamientos y sospechas, temores y enojos, y no pueden mucho tiempo gozar de aquello que pensaron ellos ser bienaventuranza, porque las leyes de la mortalidad (a las cuales sus cuerpos son atados), como tengan necesidad de morir y sean de cutidiana corrupción (en cuanto son de tierra), les hace ser tristes, porque no se posee cosa alguna con grande alegría que con tristeza grande no se pierda. Ultra desto, por Atalanta quisieron significar los antiguos el deleite que vence a la razón.

     Paléfato dice que estos dos amantes, andando a caza, se enamoraron y se entraron en una cueva a gozar de su liviandad, y hallaron dentro un león y una leona que los despedazó, y como los criados los hallasen así muertos de leones, echaron fama que se habían convertido en leones.

FIN DEL LIBRO

 

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