LIBRO PRIMERO

En que se dice el cómo entró en el mundo la idolatría, y la muchedumbre de dioses de la gentilidad, acerca, de varias naciones


Capítulo I

En que se difine este nombre fábula, y dice su utilidad y origen

     Porque lo que de los dioses de la gentilidad se dice fue todo ficción fabulosa de los antiguos, tomaremos principio declarando qué cosa es fábula y por qué se inventó este lenguaje. Fábula dicen a una habla fingida con que se representa una imagen de alguna cosa. Dícese, según Hermógenes, de for faris, verbo latino, que quiere decir hablar, porque toda fábula se funda en un razonamiento de cosas fingidas y aparentes, inventadas por los poetas y sabios, para que debajo de una honesta recreación de apacibles cuentos, dichos con alguna semejanza de verdad, inducir a los lectores a muchas veces leer y saber su escondida moralidad y provechosa doctrina. Las fábulas, unas toman nombre del lugar donde fueron inventadas; otras, de los mismos inventores; y las unas y las otras se dividen en mitológicas, y apológicas, y milesias, y genealógicas. Mitológica es una habla que con palabras de admiración significa algún secreto natural, o cuento de historia, como la fábula que dice ser Venus de la espuma del mar engendrada. Deste género de fábulas trató Albrico, filósofo, y Fortuno, y Epicarmo, y Crates Ateniense, y otros muchos.

     Apológica es un habla en que fingiendo hablar los animales bruto persuade a los hombres, sabia y prudentemente vivir, por lo cual por otro nombre se dicen fábulas morales, o racionales, o amonestatorias, o de policía. En esta manera de alegorizar se aventajó tanto Esopo que todas las fábulas deste género se dicen esópicas, dejando en silencio muchos autores que dello escribieron. De este género de apológicas hay dos diferencias: unas se dicen líbicas, y otras esópicas; en las líbicas se finge hablar hombres, y en las esópicas hablar brutos; y porque con las esópicas se mezclaron las líbicas, dicen a las unas y otras esópicas.

     Milesias se dicen de la ciudad de Mileto, que es en Ionia, donde primero se inventaron, y éstas son unos desvaríos sin fundamento de virtud, urdidos para embobecer a los simples. En este género de fábulas escribió Apuleyo su Asno de oro; y así lo son las fábulas de los libros de caballerías, semejantes a las de que el sagrado apóstol nos amonesta que evitemos, porque no sirven sino de unos cebos del demonio, con que en los rincones caza los ánimos tiernos de las doncellas y mozos livianos.

     Genealógicas son las que tratan de linaje o parentesco de los dioses fingidos de la gentilidad; y porque usan destas más los poetas para adornar sus poesías, y por otros varios fines, se llaman poéticas, de las cuales, y de las mitológicas, es mi intento en este libro escribir, porque fue tanta la excelencia y grandeza del artificio de los antiguos en fingirlas que con ellas declararon unas veces, según sentido alegórico, principios y preceptos, y orden de la filosofía natural; otras, virtudes y vicios; otras, fuerzas y secretos de medicina y propiedades de cosas; otras, historia; otras, para halagar y ablandar los ánimos de los poderosos; otras, para que en los trabajos y calamidades y perturbaciones del ánimo tengamos sufrimiento; otras, que nos muevan al temor de Dios, y nos aparten de cosas torpes; y así proceden declarando con fábulas todo lo que consiste en saber; y fueron tan usadas de la antigüedad, y tan provechosas a todas las doctrinas, y costumbres humanas, y aun a las cristianas, que aun en la sagrada escriptura se hallan: adonde dice el Sagrado Texto que se juntaron (como en cabildo) los árboles de la montaña, para alzar a uno de ellos por rey. Y en otra parte dice que el rey Ioas envió embajada al rey Amasias que no se quisiese tomar con él, que se guardase no le aconteciese lo que aconteció al cardo corredor, que pidió la hija del cedro del monte Líbano para casarla con su hijo, y a la sazón pasando las bestias del monte Líbano por allí se comieron el cardo, que presumía contraer parentesco con el cedro. El primero que escribió fábulas fue Alemon, según Isidoro. Y la causa que a los antiguos movió escribir en este género sus secretos y otras cosas, según Platón, fue para mostrar a los niños doctrina, y aficionarlos a ella, dorándola como píldoras con los fingimientos de apacibles cuentos, con los cuales, no sólo los hacían atentos, mas muy cobdiciosos de saber lo que debajo de aquellas fábulas se entendía, o porque este género de escribir es más fácil para encomendar cosas a la memoria. Podríamos también decir que el poco papel y recaudo para escribir que tenían en aquel tiempo, les debió necesitar a usar de las fábulas para declarar muchas cosas con pocas palabras. Y también el no querer que sus secretos fuesen comunes a todos, porque de la suerte que el vino pierde algo de su ser o suavidad puesto en malos vasos, así las cosas divinas de filosofía, puestas en modo que sean vulgares a rústicos, se corrompen y pierden mucho de su estima.

 

Capítulo II

De los sentidos que se pueden dar a una fábula

     De cinco modos se puede declarar una fábula, conviene a saber: literal, alegórico, anagógico, tropológico, y físico o natural. Sentido literal, que por otro nombre dicen histórico o parabólico, es lo mismo que suena la letra de la tal fábula o escriptura. Sentido alegórico es un entendimiento diverso de lo que la fábula o escriptura literalmente dice. Derívase de alseon, que significa diverso, porque diciendo una cosa la letra se entiende otra cosa diversa. Anagógico se dice de anagoge, y anagoge se deriva de Ana, que quiere decir hacia arriba, y goge, guía, que quiere decir guiar hacia arriba, a cosas altas de Dios. Tropológico se dice de tropos, que es reversio, o conversión, y logos, que es palabra, o razón, o oración; como quien dijese, palabra o oración convertible a informar el ánima a buenas costumbres. Físico o natural es sentido que declara alguna obra de naturaleza. Ejemplo: Hércules, hijo de Iúpiter (según fingimiento poético), concluidos sus trabajos vitorioso fue colocado en el cielo. Tomando esto según sentido literal, no se entiende otra cosa más de lo que la letra suena. Y según alegoría o moralidad, por Hércules es entendida la victoria contra los vicios. Y según sentido anagógico significa el levantamiento del ánima, que desprecia las cosas mundanas por las celestiales. Y según sentido tropológico, por Hércules se entiende un hombre fuerte, habituado en virtud y buenas costumbres. Y según sentido físico o natural, por Hércules se entiende el Sol, y por sus doce trabajos o hazañas, los doce signos del zodíaco, sobrepujados dél por pasar por ellos en un año. Y es de advertir que los tres sentidos últimos, puesto que sean nombrados con diversos nombres, todavía se pueden llamar alegóricos, porque, como hemos dicho, alegoría dicen a lo que es diverso del sentido histórico o literal. Y lo que de estos sentidos es mi intento declarar en las fábulas es el sentido histórico, y el físico y moral.

 

Capítulo III

Dice que la adoración o religión es cosa a quien naturalmente el hombre se inclina, y qué opinión tuvieron los antiguos de dios

     De las perfecciones dadas a la naturaleza humana, ninguna hay que más estimada y más propia sea al hombre que la adoración y religión, porque nuestra ánima, según opinión de Platón, luego que de la mano de Dios es criada, por natural y cierto movimiento se vuelve a él como a su criador, al modo de hija amorosa de puro deseo de ver el padre, como el fuego que en la tierra es encendido por virtud de los cuerpos superiores procura encaminar su llama en cuanto puede hacia lo alto, así nuestra ánima, que con un instinto natural se siente criada divinamente, hacia esta divinidad se vuelve y desea y adora; por lo cual ninguna gente hubo ni hay que no creyese haber quien mereciese ser temido, adorado y servido, a quien llamaron Dios. Esto quiso sentir Iámblico, filósofo, diciendo que cierto fuego divino viene a herir a nuestro ánimo, de que se le sigue al hombre un natural apetito del amor de Dios. Por lo cual quiriendo muchos seguir esta opinión, dijeron que Prometeo decendió el fuego divino del Cielo, con el cual dio ser y vida al hombre que de barro formó; deste natural fuego divino, de que Dios (entendido por Prometeo) formó al hombre, sale la causa, porque cuando alguna cosa nos sucede de bien o de mal, súbito, antes que otra alguna consideración hagamos, alzamos los ojos al cielo, juntando las manos, como que naturalmente el hombre entiende y siente que de lo alto sucede todo, y se inclina a dar gracias al que lo envía, que son efetos de adoración y de que hay Dios a quien temer y amar. Pero cuál sea este Dios, o si es uno o muchos, fueron varias y diversas las opiniones de los filósofos antiguos. Thales Milesio dijo ser Dios un entendimiento o ánima que del agua engendró todas las cosas; porque éste, pareciéndole que sin humidad ninguna cosa se podía engendrar, tuvo opinión ser el agua principio de todas las cosas. Pitágoras dijo ser Dios un ánimo esparcido por todas las cosas del mundo. Cleantes y Anaxímenes dijeron ser Dios el aire, y que dél se engendraba todo, y que era inmenso y infinito, y siempre en movimiento; porque les pareció que sin aire y respiración ninguna cosa podía vivir. Anaxágoras, antes destos, y Xenófanes, dijeron ser Dios un entendimiento infinito junto con todas las cosas. Straton dijo ser Dios la naturaleza. Crisipo dijo ser Dios el fuego. Macrobio y Alcineo dijeron ser Dios el Sol y la Luna y las estrellas. Theodoncio decía ser la tierra. Otros pensaron que el ánimo del hombre era una partícula de la divinidad, que así resultaría della, como centella que salta del carbón encendido, y así pensaron que el ánimo era Dios, y que como de una centella grande saltan en el aire otras pequeñas, así tenían que todos los efectos y fuerzas del ánimo eran dioses, y si el afecto era activo, llamábanle dios macho, y si era pasivo, llamábanla deesa hembra; el cual desvarío no le tenían todos, porque como arguye Tulio, si el ánimo del hombre fuera Dios, no ignorara cosa alguna. Y dice más: que de esta manera de dioses hechos de la razón física la había tratado Zeno, y después la explicaron Cleante y Crisipo, diciendo que la fortaleza de Dios derivada en el ánimo del hombre fuerte se llamaba Mars, deste nombre: mas-maris, porque la fortaleza anima a los machos. Al amor de Dios amaron Cupido, porque se deriva en el ánimo del amante. Llamaron Minerva a la sabiduría, derivada en el ánimo del sabio. A la potencia generativa llamaron Venus, que era como vena de la generación, y así procedían de los demás dioses y diosas, que según esta falsa opinión de gentiles se nombraron de las fuerzas y afetos del ánimo. Otros, con el discurso de la razón, considerando la milagrosa hechura y disposición del universo, y la prudencia de la orden de naturaleza, al que lo ordenó, y crió, y hizo de nada, llaman Dios, como es la verdad; y Dios, según san Isidoro quiere decir Temor, que pertenece propriamente a la Santísima Trinidad, del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, a la cual Trinidad se refiere todo lo que de Dios se puede decir. O decimos Dios de do das, porque se entienda ser dador de todos los bienes del mundo, y este Dios es eterno e infinito e invisible, y un espíritu incorpóreo que todo lo llena, y a este Señor se debe la religión y adoración y servicio, de quien en otro lugar diremos más.

 

Capítulo IV

Dice cómo la diversidad de las lenguas causó la muchedumbre de los dioses de la gentilidad

     En toda la primera edad antes del diluvio de Noé, aunque los hombres en muchas cosas pecaron, no se lee, ni se oye decir, que hubiese habido idolatría, porque la idolatría, según Lactancio, entró en el mundo por ignorancia, y en tanto que la lengua fue una, no pudo haber tan grande ignorancia entre la gente, porque siempre tenían quienes les enseñase la verdad, y todos conversaban una cosa, teniendo para ello maestros de antigua edad, como Noé, que de las obras de Dios verdadero se acordaban, y no podían perder el conocimiento de un Dios criador y hacedor de todo lo criado. Y así, si siempre toda la gente tuviera una lengua y conversación, no podían caer en tan gran ignorancia que creyesen haber otro Dios salvo aquel que el diluvio había enviado sobre la tierra, y librado dél a Noé y a los que con él eran en el arca. Mas según afirma Lactancio, en el libro alegado, la introducción de los dioses e idolatría hubo origen de los edificadores de la torre de Babilonia, los cuales, no entendiéndose por la diversidad de las lenguas, se hubieron de repartir por diversas tierras, y acontecía que en algunas lenguas había solos hombres mancebos, que de las cosas conocimiento perfecto no tenían, los cuales, y los que dellos nacieron, no hallando quien de la divinidad les diese cierto conocimiento, cayeron en errores, desconociendo a su Criador y adorando sus criaturas, creyendo y llamando dioses a los que no lo eran, ayudándoles la maldad de los demonios y el aborrecimiento que tienen de destruir el linaje humano; porque ellos, conociendo la inclinación y el ardentísimo deseo que tiene el hombre de hallar a Dios, y que no se halla sin adorarle (como en el precedente capítulo dijimos), por quitarle el corriente que llevaba de buscarle, y honrarse a sí, persuadiéronle que aquello que buscaba es lo que él pone en la fantasía, y con intento de engañarle le decía cosas venideras, y hacía cosas que a las gentes simples les parecía ser sobrenaturales, como dice Eusebio, y san Augustín.

 

Capítulo V

Cómo los egipcios fueron los primeros que adoraron el sol y la luna

     Los primeros que cayeron después del diluvio en el error de adorar al Sol y Luna y tenerlos por dioses fueron los egipcios, según Lactancio Firmiano y Diodoro Sículo, y la causa porque esta gente se dio a adorar a las criaturas, más que otras, fue que fuese gente de poca policía, y no tuviesen casas, contemplaban el Sol y Luna y los otros cuerpos celestiales, y viendo los provechos que traían a todos con sus movimientos, creyeron ser dioses. También el adorar estos cuerpos celestiales fue doctrina de Cham, tercer hijo de Noé, porque éste, según san Augustín pobló a Egipto, y fue gran nigromántico, y amigo de usar de las cosas naturales por mal; y no estimando en nada la doctrina que le había enseñado su padre, del verdadero Dios, determinó inventar cosas nuevas, y estragar a los hombres, y atraerlos a que creyesen lo que él decía y hacía; y la mala inclinación de los unos, y la ignorancia de los otros, pudo en ellos tanto que fácilmente se dejaron vencer de la mala doctrina que les daba el maldito Cham. Creciendo más el mundo, vino la cosa a tanta ceguedad que inclinaron a adorar cosas más bajas, porque ninguna cosa hallaron ellos en la tierra en la cual hubiesen algún provecho que no la reverenciasen y tuviesen en mucho, porque juzgaban que aquello no podía venir sino por voluntad divina; así lo siente Tulio. Por esto adoraban los egipcios el agua, por los provechos que della se siguen, y porque en Egipto no llueve; y viendo la necesidad della y la privación que tienen, estimáronla mucho. De éstos pasó la deidad del agua a los griegos, y de los griegos a los troyanos, y de los troyanos a los romanos. Por esto mismo adoraron las bestias y viles animales, por el interés y provecho que les traían. De esto es testigo Estrabón y Diodoro Sículo, los cuales dicen que adoraban gatos, perros, lobos, bueyes o toros, ovejas, comadrejas, águilas, cigüeñas, y halcones, cocodrilos y así a otros animales, como dellos tuviesen algún provecho o daño. Diodoro Sículo dice que la causa por que adoraban los egipcios (en general) los animales era por que en las guerras ponían en sus estandartes insignias de animales y cuando vencían, tenían ser la causa la tal señal, y en modo de agradecimiento adorábanla.

     Rufino dice que los egipcios, en memoria de Ioseph, hijo de Jacob, por el beneficio que había hecho a los de aquella tierra, sustentándolos en aquellos siete años de la grande hambre, como se lee en el sagrado volumen, pusieron un ídolo llamado Serapis, teniéndolo por patrón de toda la tierra, y así había en Alexandría de Egipto un templo famoso que era celebrado de todas las gentes, donde estaba una estatua grande en su nombre que tenía puesto el dedo en los labios, para denotar que todo el mundo callase y no se atreviese nadie a decir que había sido hombre mortal (como lo toca Marco Varrón), y el que tal dijese estaba puesta pena que muriese.

     Otros tienen que los egipcios, por denotar los efetos que el Sol causa con sus movimientos propio y rapto, andando por el zodiaco, adoraban un buey o toro negro y grande, y los testículos muy crecidos, y los pelos al revés desde la cola a la cabeza, y llamábanle Apis. Por la negrura deste animal denotaban el efecto que el Sol causa en los cuerpos humanos, que de blancos los para negros, y como fuente que es de la generación de toda la naturaleza, para lo cual denotar le atribuyeron los testículos grandes, como instrumentos que son de la tal generación. Por la postura de los pelos al contrario de los otros toros se daba a entender el movimiento propio del Sol ser contrario y al revés del que vemos al primer móvil hacer. Otros, por esto mismo denotar, adoraban al mismo Sol en figura de escarabajo, que es animal negro, por la dicha causa, el cual rempuja la pelota del sucio estiércol al revés de lo que tiene la postura y sitio del cuerpo en el tal movimiento. Autor desto es Plinio. Lea quien quisiere ver estas vanidades más a la larga a Luciano y a Alejandrino y a san Augustín, libro 2, capítulo 22, y libro 8, capítulo 26, de su Ciudad de Dios.

 

Capítulo VI

Cómo los caldeos adoraron el fuego

     Los primeros que adoraron el fuego fueron los caldeos, y el que en ello los impuso fue Nemrod, nieto de Cham, que según Ioseph fue idólatra, y el que mostró a los hombres apartarse del temor de Dios, y adorar el fuego; porque pasado ya el diluvio de Noé, en el cual el mundo por agua pereció, tenía que otra vez pereciese por fuego, y por miedo adorábanle. Y para persuadir que llevaba ventaja a todas las demás cosas que adoraban decíales que mirasen cómo el fuego quemaba y consumía todo el oro y plata y las demás materias de que se hacían los otros dioses. Mas esta adoración del fuego quitó con una invención muy donosa un sacerdote de Canope, ciudad de Egipto, según escribe Rufino. Y la invención fue que este sacerdote tomó una tinaja de tierra, hecha con muchos y muy menudos agujericos los cuales con cera atapó, y llenóla de agua, y porque no se viese, pintóla con diversas colores, y tomó una cabeza de un ídolo antiguo y púsola sobre la tinaja muy compuesta. Lo cual hecho, dijo que era un dios, el más poderoso de todos los dioses, y desafió a los caldeos que viniesen con su dios el Fuego, para examinar cuál era más poderoso. Los caldeos, con la confianza que tenían del suyo y por acreditarle más, vinieron de buena gana y muy seguros. Hecho, pues, un gran fuego, el sacerdote puso su tinaja con su dios en medio de la lumbre, y como el calor derritiese la cera, comenzó a destilarse el agua delicadamente sin ser sentido, de que se apagó la lumbre; y así salió vencedora la tinaja por matar el fuego. Lo cual visto por los que estaban presentes, dejaron luego el fuego que tenían por dios mucho tiempo había y adoraron a la tinaja, y fue llamado el gran Dios Canopo.

 

Capítulo VII

Dice cómo en tres modos entró la idolatría en el mundo, y qué ídolo fue primero adorado

     En el Libro de la Sabiduría se ponen tres maneras de introducir varios y vanos dioses al comienzo, unos fueron que llamaron dioses a las mayores cosas que ser pensaron de que algún poder o virtud tenían sobre el mundo, así como los que dijeron ser dioses el Sol, Luna y estrellas, y las grandes aguas, y los fuertes vientos, y a éstos la Escriptura llama vanos, porque no hallaron conocimiento de Dios, empero cúlpales menos que a todos los otros, por cuanto éstos con intención de saber, pensando esto ser verdad, daban la honra de divinidad a aquella cosa que creían ser mayor en todas.

     La segunda manera de introducir dioses o ídolos fue cuanto aquellos, que por su voluntad a los hombres llamaron dioses, no habiendo causa de llamarlos así, porque ellos los habían hecho como a las imágenes o retratos, que los hombres, de barro o madera o de otras materias hicieron por memoria, y esto llama el latino simulacro, y contra éstos hace la Escriptura mucha reprehensión. Diófanes y Fulgencio Mirtologio dicen que Sirófanes Egiciano, hombre riquísimo, tenía un hijo sucesor en su estado, que era la cosa que más en la vida amaba; llevósele Dios, y con la angustia de su dolor (que procura remedios de consuelo) hizo un retrato de su hijo para tenerlo en su casa por memoria, ignorando que el remedio de los trabajos es el olvido, y éste se llamó ídolo, que se dice de idodinin en griego, que quiere decir recordación de dolor, o figura, o simulacro de dolor, o de idos, ei, que quiere decir forma, y de aquí sale ídolo diminutivo, que es lo que en latín dicen fórmula; y así, ya sea forma, ya fórmula, a esto dicen ídolo, y de aquí idolatría, que es servicio o adoración hecho a ídolo. Hecho este ídolo o retrato, toda su familia, por contentar o adular al señor, le adoraba.

     Otros, como Eusebio y Trogo Pompeyo dicen que Nilo, hijo de Belo, primero rey de los asirios, nieto de Nemrod, descendiente de Cham, el mal hijo de Noé, fue el primero, y el maestro de la Historia Eclesiástica, dicen que hizo ídolo, porque amando mucho a su padre Belo, después que murió, mandando hacer su retrato o estatua muy al natural, y puesta en un aposento, pasando por delante le hacía reverencia y acatamiento como si estuviera vivo, y mandó a sus criados que la honrasen, comenzando primero a manera de obediencia; y como en esta invención el demonio halló ocasión, hizo que diese respuestas de todo lo que le preguntaba, como si vivo estuviera; y así el que vivo era hombre muerto, fue por ignorancia, o amor, o temor, o lisonja de los criados y súbditos, deificado. Ayudó mucho [que], viendo que Nino al padre muerto tanto amaba, se comenzaron a favorecer, retrayéndose cuando algún delito cometían en el aposento donde estaba el retrato, de lo cual Nino holgaba, y no sólo les perdonaba por ello sus errores, más aun concediéndoles lo que más le demandaban. De esto vino el comenzarse a humillar delante la imagen, y el adorarla, hasta que la mala costumbre lo convirtió en ley general, de lo cual Nino, muy contento de que la honra de su imagen crecía, ordenó sacerdotes que le hiciesen sacrificios allí, y por toda su tierra generalmente, y así comenzó Belo ser tenido por dios, y llamáronle el dios Belo. Y siguióse de este principio que las imágines o retratos que de los muertos al principio se hacían para memoria de ellos, y no para adorarlas, si eran de gente común eran particularmente veneradas, y si eran de grandes señores, generalmente de todos.

     Recibido Belo por dios de todas las gentes que eran de la señoría de Nino, que sojuzgaba a toda Asia y hasta Libia, hizo a todas aquellas tierras venerarle por tal. Y como las gentes fuesen de diversas lenguas, no tenían una manera de pronunciar ni de acabar el vocablo; y así, algunos lo llamaron Bel, como se lee en Daniel capítulo 14; otros lo llamaron Baal, como se lee Númer, capítulo 22, y en el 3, Libro de los Reyes, capítulo 18, y en el libro 4, Regum, capítulo 10; otros le decían Baalin, como se lee en el libro I, Regum, capítulo 7; otros le llamaron Beelfegor, como se lee en el Psalmo 105. Y éste es nombre compuesto de Bel, fegor, porque fegor es nombre de monte, en el cual los de Moab adoraban este ídolo, porque tenían allí su templo, y por esto componíanlo llamándole Beelfegor, como quien dijese el templo de Belo que está en el monte Fegor, y así en otras muchas maneras, según las diversas regiones que le veneraban. Y aunque estos nombres tienen diversas terminaciones o fines, según condición de diversas lenguas, como tienen principio de un solo nombre, todos comienzan por una manera, que es Bel.



Prosigue la misma materia del capítulo precedente

     Sucedió después otro error, que cuando algún hombre era famoso en algún saber o virtud, así en guerra como en paz, o que inventaba alguna utilidad a la república, la gente ruda, pareciéndole que aquello era una gran cosa, no creían que fuese obra humana, mas divina, y teníalos en mucho, y queriendo mostrar estimarla en mucho, arrodillábanseles y adorábanlos, y después de ya muertos tenían que se hacía estrella, a la cual llamaban dios, y estas causas da san Isidro y Tulio. Lactancio, en sus Divinas instituciones, dice que los reyes en común fueron adorados por dioses, unas veces por temor, como Nabuchodonosor, rey de Babilonia, el cual, como se lee en Daniel, hizo una estatua dorada de sesenta cobdos de altura y seis de anchura, y mandó a todos los de su reino que aquella sola estatua adorasen, y que ninguna otra hubiese, y los suyos, temiendo su ira, lo hicieron, y por esto dice Petronio que el temor hizo los ídolos. Otras veces, cuando habiendo recibido beneficios de algunos, no sabiendo con qué los satisfacer, honrábanlos como a dioses: esto era mayormente cuando hacían beneficios a alguna comunidad de hombres, los cuales, por agradecimiento y por exhortar a otros que le imitasen, le daban honor, haciéndole templo y estatua, y poniéndole altar, y ordenándole días de fiesta, y ofreciéndole sacrificios; por esta causa fue Iúpiter tenido por dios: porque hacía muchos beneficios a sus súbditos siendo rey y hallaba diversas artes para la vida de los hombres necesarias; y como entendiesen que era amigo de fama y de honra, y que deseaba esta remuneración, adorábanle.

     Otras veces por lisonja, y esto era cuando algunos, por adular a personas de quien pretendían algún bien, llamábanlos dioses, y como a todos sabe bien la honra, sufríanlo, y la costumbre lo confirmaba. Lo cual no consintió el grande Alexandro de quien se lee que diciéndole unos por vía de adulación que era dios, respondió: Diversamente lo experimento yo; como si dijera: el tener necesidad de comer, y beber, y dormir, y el sufrir alegrías y tristezas y otras pasiones, no dicen que soy Dios, sino hombre mortal.

 

Capítulo VIII

De la variedad de ídolos y dioses que tuvieron los romanos

     Los romanos, por algún tiempo de ningún ídolo tuvieron imagen, porque les mostró Numa Pompilio, rey segundo de romanos, ser Dios entendimiento puro, no engendrado ni subjeto a la vista de los mortales, que en ninguna manera humanamente se podía declarar; mas después que romanos comenzaron a sojuzgar el mundo, como amigos de novedades, imitando lo que veían y lo que tenían en Grecia y otras provincias que conquistaron, juntaron de los ritos y religiones de todos una chusma de dioses y de ídolos, que había más en sola Roma que en todo el mundo, y así hicieron dellos varias diferencias, por distinguirlos. A unos decían dioses selectos, que quiere decir escogidos; éstos, según su liviandad, eran tenidos por hijos de dioses, por parte de padre y madre, y a éstos llama Cicerón dioses mayores de las gentes, porque entre todos les daban el principado y gobierno de las cosas, y dijeron ser inmortales los de esta clase: entre varones y hembras no llegaban a treinta y dos. Déstos era Saturno, Iúpiter, Neptuno, Plutón, Apolo, Mars, Mercurio, Vulcano, Iuno, Vesta, Minerva, Ceres, Diana, Venus, y otros que nombra san Augustín. A doce destos llamaron dioses consentes, conviene a saber, a seis varones y seis hembras, de quien hace mención Séneca en las Questiones naturales. Tenían sus figuras doradas y puestas en las plazas, como dice Marco Varrón, éstos eran Iúpiter, Neptuno, Apolo, Vulcano, Mars, Mercurio, Iuno, Vesta, Minerva, Ceres, Diana, Venus. Decíanse consentes, como quien dijese consencientes en aquello que se hacía allí.

     Otros dioses había que se decían semideos, o medioxumos, que quiere decir medios dioses; llamábanlos medio dioses porque eran hijos de dioses, de una parte, y de otra, hijos de hombres mortales, y éstos son de menor linaje y nobleza, según qué menor parte tenían de la divinidad; de éstos, unos eran dioses de sólo padre, y de madre mortal, según fue Hércules, que dijeron ser hijo de Iúpiter y de Alcmena, mujer tebana. Otros eran dioses de parte de madre y mortales de parte de padre; y éstos eran de menor nobleza, así como Eneas, que fue hijo de Anchises Troyano, y de la deesa Venus, y Achiles, que fue hijo de Peleo, hombre mortal, y de la deesa Thetis, y de éstos no ponen número cierto los autores, por haber muchos, como Platón y otros hombres doctos, y por hechos valerosos que hicieron, como Osiris, primero rey de los argivos, que porque mostró cosas pertenecientes a la labranza del pan sus vasallos le canonizaron por dios; y lo mismo hicieron a Iano los romanos. De esto lee a san Augustín.

     Había otros dioses que llamaban inciertos; decíanse así porque dudaban de sus divinidades. De este género eran Pan, Silvano, y sátiros, Fauno, Rómulo, que después se dijo Quirino, y Flora, y Loba, y Penulo, y Peluno; éstos dos últimos adoraron, según san Augustín, porque el uno inventó el moler del trigo, y el otro el estercolar las heredades; y a Simón Mago, y a una su amiga (como se lee en la Historia eclesiástica), y otros muchos. Y es de advertir que el Dios Ignoto de los atenienses no era lo mismo que los inciertos, porque de los inciertos dudaban de sus divinidades, y sabían sus nombres. Y el Dios Ignoto que los atenienses adoraban, aunque ignoraban su nombre, no dudaban de su divinidad, y este Dios declaró san Pablo, porque habiendo visto entre los altares de los ídolos que adoraban los atenienses, un altar sin ídolo, y que tenía una letra que decía Ignoto Deo, les predicó diciendo: Este Dios que vosotros llamáis no conocido es el que yo os predico; y declarándoles de la Encarnación del Hijo de Dios, y de su Pasión y Resurrección, unos le creían, como fue Dionisio Areopagita y su mujer Damaris, y otros con ellos, como se lee en los Actos de los Apóstoles. La razón por que los atenienses veneraban al Dios Ignoto fue que estando una vez afligidos con una gran pestilencia, consultaron al oráculo de Apolo el fin que tendría aquella enfermedad, o con qué sacrificios se remediaría. Respondió Apolo que convenía que los campos se alimpiasen con sacrificios, pero ni señaló lugar, ni a qué dioses se habían de hacer, ni de qué animales habían de ser. Entonces, teniendo los griegos en mucha reputación a un gran filósofo llamado Epiménides, preguntáronle cómo se entendía aquello que Apolo mandaba. Él respondió que echasen ovejas blancas y negras por los campos, y que los sacerdotes fuesen siguiéndolas, y que allí ofreciesen el sacrificio al Dios Ignoto donde parasen las ovejas. Hízose así y cesó la pestilencia, y desde entonces se introdujo hacer altares y sacrificios en Athenas al Dios Ignoto, según dice Diógenes Laercio, hablando de Epiménides; y como por consejo deste filósofo cesase esta mortandad, en reconocimiento desta buena obra determinaron darle mucha suma de dineros, y como no lo quisiese recibir, confirmó mucho su bondad y tuviéronlo por cosa divina, y canonizáronlo por dios. Escribe Platón más a la larga esta historia.

     A otro género de dioses decían aldeanos, y éstos eran tenidos por hijos de padres mortales; decíanse aldeanos porque habitaban en varias partes de la tierra y agua, y tenían que ninguno estaba en el cielo, como los dioses grandes y medios dioses, ni les daba Iúpiter (padre de los dioses) tanta dignidad, según dice Ovidio, y por esto se decía por otro nombre dioses terrestres, o héroes, o sermones; por este nombre entendían ser mortales, aunque eran de más excelencia que los hombres; deste género eran las Musas, Nimphas, Lares, y Penates, y los que tenían cargo de cosas naturales, porque a cada cosa natural daban un dios, dándole su oficio, diverso.

     Otrosí, daban dioses a los hombres desde el día en que se engendraban en el vientre de la madre hasta que morían. La diosa Lucina era la abogada de los partos, le donde salió costumbre hasta hoy que a la mujer que está de parto dicen Dios la alumbre. Vituno era el que le daba la vida al niño. Setuno el que le daba sentido. Lenona era la diosa que tenía cargo luego que el niño nacía de levantarle de sobre la tierra, porque antiguamente le dejaban caer con tiento sobre ella, como madre que recibía a todos los que nacen. La diosa Cunina era la que tenía cuidado de mirar por el niño en la cuna. Rumina era diosa de las tetas. Potina tenía cargo del comer y beber del niño. Manduca tenía cargo de que la comida o bebida no le hiciese mal. Otra deesa, que llamaban Penencia, tenía dominio sobre el temor que no peligrase. Vaticano tenía cargo del llanto, dicho así de vagire, que quiere decir llorar. La deesa Mite era a que ponía buen deseo al niño. El dios Conjus, el que le daba buen consejo. Sencia era la que le hacía decir palabras agradables a sus padres y amas. Tenían diosa para comenzar a andar. Otra para tomar fuerzas. Otra que le aconsejase bien. Otra para mal. Para los casamientos había otra trápala de dioses: uno, que concertaba los desposorios; otros que los ayuntaban, y así procedían hasta la sepultura. Al cuerpo del hombre le dieron tantos dioses cuantos miembros tiene, y por esto dedicaban la cabeza a Iúpiter, a Minierva los ojos, los brazos a Iuno, los pechos a Neptuno, la cintura a Mars, las renes a Venus, los pies a Mercurio, etc. Tenían otra diosa de la enfermedad que dicen Fiebre, que presidía a las calenturas (de que habla san Augustín), y del miedo, y de la amarillez, y el que primero dio en este desvarío fue Tulio Hostilio, rey tercero de romanos. El cual, estando una vez en una guerra contra algunos pueblos de Italia, como le dijesen que el rey de los albanos (que le ayudaba) huía con su gente, turbándose los de la parte de Tulio, volviéronse de rostros blanquizos y amarillos, efetos del temor, y por lo cual Tulio Hostilio hizo luego voto de añadir doce sacerdotes al templo de Marte, y de dedicar un templo a la amarillez y otro al miedo, y desde entonces tomaron deidades el miedo y amarillez, de lo cual, burlándose Lactancio, dice que los romanos tenían por dioses sus mismos males. Con éstos añadieron diosa de la virtud, otra de la felicidad y de la fe, y de la fortuna, y de la prudencia, y de la juventud, y a la honra, y a la fealdad, y torpeza, y iniquidad, y aun para las moscas, y secretas, y otras cosas varias, según dice san Augustín, y Tito Livio, inventaron otros; y así creció tanto este número de dioses que Hesiodo, poeta, según refiere Eusebio, dice que en su tiempo había treinta mil dioses, y no eran muchos, porque a cada cosa que habían menester hacían su dios como a gente flaca, que cada uno dellos no bastaba para más.

 

Capítulo IX

De la figuración de las estatuas de los dioses y diosas de la gentilidad

     Las estatuas o retratos de los dioses y deesas en general las figuraban desnudas (según Alejandro Afrodiseo), por significar que la pujanza suya a ninguno era encubierta, o para decir que los dioses son de ánimo sincero y desnudo, y no manchado de vicios, ni encubierto del engaño que suele haber debajo del vestido.

     Los de Fenicia pintaban a sus dioses con sacos de dineros en las manos, porque juzgaban que el que fuese más rico de oro era más que los otros, o por denotar que todo don procedía de ellos.

     Los griegos los pintaban armados, porque creyeron que con las armas principalmente se tiene la gente subjeta, o por denotar que los dioses eran poderosos y fuertes. Otros los pintan con las insignias que más significaban sus inclinaciones, como en otro lugar, tratando dellos, particularmente se dirá.

 

Capítulo X

De los lugares donde daban respuestas los ídolos

     Introducida ya la idolatría en el mundo, como se ha dicho en los precedentes capítulos, el demonio, para más confirmar las falsas divinidades, halló ser gran medio dar respuestas los ídolos, porque respondiendo a lo que había de acaescer, creyesen que aquél era verdadero Dios, según lo que dice Esaías: Annuntiate quae ventura sunt in futurum, et sciemus, quia dii estis vos. Decidnos las cosas que están por venir, y sabremos que sois dioses vosotros. Y aunque estas respuestas se daban en muchos templos de los ídolos, todavía tenían unos más señalados que otros. El uno era en Dodona, ciudad de la provincia de Egipto, de quien escribe Herodoto y Diodoro Sículo, en donde en la espesura de un monte estaba un templo dedicado a Iúpiter, en que había un oráculo que daba respuestas. Otro hubo en África, que decían el templo Amón, dedicado a Iúpiter; y díjose Amón de Arena, por estar situado en un lugar arenoso. Otro había en Delphos, situado al pie del monte Parnaso, y éste fue el más famoso de todos los que hubo en el mundo, en donde se daban respuestas más a la continua y más verdaderas, de quien hace mención san Fulgencio y Lucano; y dicen que Apolo, rey de los pueblos llamados Delphos, hallando en el monte Parnaso unas cuevas donde se daban divinales respuestas, se encerró en ellas y se hizo Propheta falso, tomando en sí aquella virtud; y según Pausanias, primero dio allí respuestas Tellus, siendo su sacerdotisa Daphne; y que después le dio este lugar a Themis, a quien Deucalión fue a consultar, y después a Themis succedió Apolo; y es de saber que no era Tellus, ni Daphne, ni Themis, ni Apolo los que daban las respuestas, sino demonios muy sabios y engañosos, que en nombre suyo a los hombres respondían, y las respuestas no las daban con certidumbre, mas con tal cautela que no les cogiesen en mentira, hablando con equivocación y sentidos diferentes, en tal modo ordenados, que ya viniese la cosa, ya sucediese su contrario, siempre parecía lo que sucedía haberlo querido decir Apolo, como lo nota san Augustín y Paulo Orosio, tratando de los ardides de Apolo en dar respuestas. Y no sólo daba Apolo respuestas en Delphos, mas según Macrobio, en Tracia. Los pueblos ligirios tenían otra cueva, donde dio Apolo respuestas; y en la tierra de Chanaam y Syria y otras partes, que eran habitación de los filisteos, tenían por oráculo de todas sus respuestas a Apolo en la ciudad de Acaron, y nombráronlo Belcebub; y tanta confianza hacían dél, que lo tenían por príncipe de todos los dioses, y éste era el príncipe de los demonios que los judíos dijeron cuando acusaron a Cristo nuestro Redemptor, cuando le vieron hacer tantas maravillas, como paresce por san Matheo, y no sólo los gentiles estimaban este dios por cosa grande, viendo que daba tan manifiestamente las respuestas, mas aun los judíos iban a consultar sus negocios, como parece por el Libro de los Reyes, en donde se lee que Ochozías, rey de Israel idólatra, cayendo enfermo, envió mensajeros a saber lo que había de ser de su salud. De la invención del cómo fue hallada la cueva y oráculo de Apolo, escríbelo Diodoro Sículo. Las sacerdotisas de Apolo que daban las respuestas se llamaban pitonisas, de Pythón, serpiente, que fingen haber muerto Apolo, y destas había muchas en el mundo, como se lee en el Libro de los Reyes, que Saúl buscó una para preguntarla del suceso de la guerra. Duraron estas respuestas de los ídolos y pitonisas y demonios hasta el tiempo de la predicación Evangélica, como lo afirma Porphirio, y Eusebio, y san Augustín en el lugar alegado, y fue cosa justa que donde hablaba el criador del mundo, callase el demonio, autor de mentiras.

 

Capítulo XI

Cómo los poetas llamaron a los dioses de la gentilidad sempiternos e inmortales

     Aunque verdaderamente sabían los poetas ser los dioses de la gentilidad mortales, y haber nacido como los demás hombres, y entendían que todo lo que nasce es necesario en algún tiempo morir, con todo eso les llamaron sempiternos e inmortales. Vergilio llamó a Iúpiter sempiterno, y Plauto le llama inmortal, y es la razón que debajo de los nombres destos dioses entendían otra cosa; porque a la mente primera de Dios llamaron Saturno, y por Prometheo entendían la providencia de Dios, y por Epimetheo, su hermano, entendían el apetito sensual; por Iúpiter, la virtud del fuego elemental o calor natural, o la región media del aire, o el cielo, y desta manera entendiendo por Iuno el aire inferior, y por Vesta o Ceres la fertilidad de la tierra, y por Neptuno la fuerza o virtud divina infusa en las aguas, por Vulcano el fuego artificial, y por Venus el apetito natural de la generación, por Minerva la parte más alta del aire o la sabiduría, que es la fuerza divina del entendimiento. Y tomando así los dioses, serán sempiternos, según la opinión de los mismos antiguos, los cuales pensaron ser los cielos y elementos sempiternos.

     Otrosí, dijeron ser Iúpiter padre de todas las cosas, por razón que como por Iúpiter, según hemos dicho, entienden el calor elementar, y como el calor sea causa de generación, por esto dijeron ser engendrador y gobernador de las cosas y ánima del mundo; y por esta ánima del mundo entendían los filósofos la providencia de Dios, y dador de vida, porque el calor natural da vida a los animales, como en otro lugar diremos.

 

Capítulo XII

Cómo no faltó entre los gentiles quien burlase de semejantes dioses

     Aunque los poetas y sabios antiguos celebraron la muchedumbre de dioses que dicho habemos, por declarar con ellos cosas de historia y obras de naturaleza, todos los más, con la común escuela de los filósofos, burlan de los que realmente los tenían por dioses, porque conocieron ser falso; porque por razón natural entendían haber un solo autor y movedor de todo, de quien como de principal principio sin principio todas las cosas emanan, y de quien, como de supremo gobernador, todo el universo es sustentado y regido; y así, Diágoras, filósofo milesio, burla dellos. Y Protágoras, según Cicerón, comienza una obra suya en estas palabras: «No sé si diga que hay dioses o que no los hay»; queriendo con ellas dar a entender ser uno solo el Criador y poderoso Dios; por lo cual, con público edito mandaron quemar sus obras, y a él le costara la vida, si no se escapara con huir. Plutarco, en el De Placitis Philosophorum, dice mucho del cómo pudieron venir los hombres en este conocimiento. Platón, como parece en sus libros De República, reprehendiendo la muchedumbre de dioses, mudó la teología de los griegos, declarando que un solo Dios creyesen haber, y éste gobernar el universo, a quien unas veces llama ánima del mundo, otras el mesmo mundo, otras veces le llama la fuerza que en todos los cuerpos está difundida. El bienaventurado doctor san Augustín dice que porque Sócrates hizo un libro de la unidad y poder de un solo Dios, fue preso en Atenas y murió en la demanda, diciendo que de buena gana moría por la confesión de este solo Señor, a quien en cuanto su flaqueza humana permitió, siempre procuró servir, y que quería más dar la vida que dejar engañados a sus ciudadanos en el error, que a la razón natural contradice la adoración de muchos dioses. Esto mismo sintió Virgilio, cuando dice de Dios, de quien todo procede, todo estar llenos los cielos y la tierra y los aires. Y, finalmente, reconociendo un solo Dios, Cicerón y Marco Varrón se reían y burlaban de las populares gentes, que se subjetaban a honrar y a venerar tanta multitud. De Aristóteles se dice que puesto al estremo de la vida, encomendándose a este Soberano Criador, decía: «Causa de las causas, ten misericordia de mí.» Y de esta manera, muchos gentiles confesarán que había un Dios, si el miedo de ser castigados por ello no se lo estorbara, de que se concluye ser los dioses de la gentilidad demonios y invinciones diabólicas, como se lee Psalmo 95, que desaparecieron después que encarnó el Unigénito Iesu Christo, como sombra de la presencia del Sol. Lo cual se vee por expiriencia en las Indias que de nuevo se descubren, que en entrando en ellas el Santísimo Sacramento del altar, desaparecen los demonios que están en los ídolos, y viendo los indios que no responden a sus preguntas, como primero, por quedar como estatuas (como lo son), luego los menosprecian y entienden su vanidad, y se convierten a nuestra verdadera religión cristiana.

 

Capítulo XIII

Cómo hay dios, y que es trino en personas, y uno en esencia

     Tulio dice que ninguna nación ni hombre racional hubo ni hay en el mundo, como no sea privado de juicio, que ignore que hay Dios, y que no le conozca, aunque confusamente. Cleantes, estoico, según introduce Tulio en el alegado libro, pone causas para probar este conocimiento de Dios, que por la brevedad no se relatan, y porque sin ellas hay muchas razones que concluyen naturalmente ser Dios uno y no muchos, sin que lo creamos por lumbre de la fe, porque si hubiese tantos dioses cuantos la gentilidad admitía, y entre ellos había machos y hembras, que se casaban y adulteraban, en breve tiempo multiplicarían tanto, que faltarían magistrados y señoríos (como dice Comes Natalis) para tantos, y si no les pareciera vivir ociosos y negligentes, tuviéramos de necesidad oficiales dioses, y la tierra fuera ya deshabitada de hombres y poblada de dioses. Mas toda razón repugna haber tales dioses, y entre ellos machos y hembras, y que comían y dormían, cosas que no son de Dios, porque el comer y beber y dormir es por refocilar y conservar la debilidad del cuerpo corruptible, y sus trabajos, para conservar la vida, cosas muy ajenas de la divina naturaleza del verdadero Dios. Ultra desto si hubiera muchos dioses, así como dos o más, ¿todos serían iguales en poder o no? Si eran iguales, seguirse hía que lo que uno quisiese querría el otro, y habría entre ellos niñas y zozobras, deseando deshacer unos lo que hacían los otros. O ya que todos se conformaran para conceder unos lo que otros hiciesen, siendo cada uno bastante para la producción del mundo, en la ordenanza y gobierno dél, el otro dios o dioses serían superfluos, pues que uno bastaba para esto, y sería demasiado que cosa tan necesaria y primera fuese superflua y inútil, cosa que naturaleza no sufre. Si decimos que no fuesen estos dioses iguales en poder, ni que cada uno solo bastase para la productión y gobierno del mundo, el uno sin el otro, y que todos juntos bastasen, sería éste mayor inconviniente que el primero, porque se seguiría cada uno dellos ser menguado de poder y defectuoso; lo cual pensar sería como decir que no hay Dios, como Dios sea fuente y principio de donde proceden todos los poderíos y las perfecciones, y no puede en él faltar ninguna perfectión. Otra razón, cierto es, que Dios es infinito en poder y saber y en bondad, e nosotros entendemos y decimos infinito a lo que no se puede medir con alguna medida, ni numerar con ningún número. Pues si fuesen dos dioses o más infinitos, serían todos iguales, y siendo así, el uno sería medida del otro, porque cada un infinito no es mayor que otro; de lo cual se seguiría que ninguno de ellos sería infinito; y esta prueba es necesaria absolutamente otorgando que Dios es infinito, como es verdad. Probado que hay Dios y que es uno, probemos que no es alguno de los cuerpos celestiales que vemos, así como el Sol, o Luna, o Cielo, o alguna de las estrellas, ni ninguno de los elementos, ni animal. Lo cual se prueba considerando que todo cuerpo es causado y ha menester causador, por ser compuestos de materia y forma y accidentes; y si Dios fuese cuerpo, como lo es el Cielo, Sol, Luna y Estrellas, y el animal o otra criatura, habría menester otro Dios que lo hoviese hecho, y otro movedor que lo moviese necesariamente; y por estas razones se prueba que hay Dios, y que es uno, y que éste no es alguno de los cuerpos visibles, antes es uno incorpóreo que lo hinche todo, invisible e inmortal omnipotente, infinito y bienaventurado, a cuya sabiduría, poderío y bondad llaman los teólogos Trinidad de personas, puesto que la esencia de esta Trinidad sea una; porque de la suerte que el fuego siendo uno, se pueden considerar en él tres cosas diversas y distintas: la una, que alumbra las cosas obscuras; la segunda, que calienta las cosas frías; la tercera, que consume las cosas que se le juntan; así Dios, puesto que sea uno en esencia, es trino en personas. Produciendo Dios Padre, o engendrando eternalmente de sí mismo a Dios Hijo, que se dice por otro nombre Palabra, y destos dos, Dios Padre y Dios Hijo, era espirado Dios Espíritu Santo, que por otro nombre dicen Amor, y así son tres personas distintas y un solo Dios verdadero en esencia, por la cual Filosofía no caminaron los filósofos gentiles, porque cojean en el primero artículo de nuestra Religión, que es creer en uno solo Dios, porque ellos creyeron en muchos (como hemos dicho), y los que menos erraron, como fue Aristóteles, que por el discurso de la Física dijo que había un solo Dios, aun de ese Dios no lo confió todo, porque le quitó la creación del mundo y cuerpos celestiales y angélicos, que los hizo eternos. Mas nuestro Señor Dios eterno (como se lee en el Psalmo 113) hizo cuanto quiso en el cielo y en la tierra, siendo Criador de todo. Y si los judíos comienzan a caminar por este Artículo de Fe, diciendo que creen en un solo Dios, Criador de cielos y tierra, encallan en el segundo y tercero y cuarto Artículos, en los cuales confesamos las tres divinas personas y una sola substancia y esencia divinal de Dios trino y uno, que el judío no puede entender cómo es uno, si es trino. Pues si pasamos al quinto Artículo, que es Criador, aquí cojea la escuela peripatética, la cual para en esta locura, que de nada no podía hacerse cosa alguna. Luego en el sexto Artículo se escandalizan los hebreos y gentiles, que un hombre sea dador de gloria y rescate y copiosa redempción de la pobre gente captiva, al cual confesamos por verdadero Dios y hombre, como dice san Pablo: Predicamos a Iesu Christo, y este crucificado escándalo a los judíos y gentiles. Dejados los demás Artículos que pertenecen a la humanidad de nuestro Señor Iesu Cristo, en este que decimos ser Christo Dios y Hombre, se embarazó todo el mundo y no hubo quien viese ni entendiese este misterio, si no fue con lumbre de la fe, que es don de Dios, dado a los hombres graciosamente. Aquí está todo en este artículo, el misterio de la resurreción, y del juicio final, y del estado de los bienaventurados, y de la otra vida, que después de ésta esperamos, y el misterio de la Santísima Trinidad, y todo lo de nuestra fe católica, todo lo cual nos enseñó nuestro buen maestro Iesu Christo, que por tal nos fue dado en el monte Tabor del Padre Eterno, mandándonos que creyésemos todo cuanto él nos dijese, por una voz del Padre, que de lo alto sonó, diciendo: «Éste es mi amado Hijo; oíd lo que así os dijere como a vuestro maestro propio», en quien creo como lo escribo; y concluyo el primero libro desta obra.

FIN DEL LIBRO PRIMERO

 

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